Descripción
del problema
Nos encontramos ante un
grupo de alumnos con una edad media de 15 años. En esta etapa se producen
cambios profundos tanto a nivel físico como mental. Se deja de ser un niño para
convertirse en adolescente una vez que finaliza la pubertad. El adolescente
pasa de la dependencia a la búsqueda de libertad, necesitando experiencias
sociales e intelectuales para forjar su propia identidad. El grupo de iguales
cobra un papel fundamental, de ahí la importancia de fomentar las relaciones
adecuadas entre este grupo.
El caso que nos ocupa
cuenta con un total de 31 alumnos/as, de los cuales el 45% son chicas y el 55%
chicos.
En general, el grupo se
siente a gusto en clase, sin embargo, podemos observar que uno de los alumnos
del grupo, presenta cierto aislamiento, con un solo amigo y algunas veces, le rechazan
y/o hablan mal.
Situación
de la clase y protagonistas
Según la información que
se nos proporciona, en general, el grupo se siente bien en su clase y tienen
bastantes amigos. Sin embargo, se detectan algunos conflictos entre los
compañeros de clase, manifestando que resulta algo difícil estudiar debido a
cierta intranquilidad y desorden para dar clase.
Tres compañeros de clase
han informado que ALUMNO 3 se encuentra en una situación de riesgo de acoso
escolar. No le suelen insultar o intimidar ni molestar por internet o el móvil
y parece ser que nunca ha sido maltratado físicamente. Sin embargo sí sufre
aislamiento, rechazo y comienza a recibir ciertas conductas verbales agresivas.
Estos 3 testigos
manifiestan que el ALUMNO 3, es un alumno bastante diferente, algo tímido e intranquilo
al que no le gusta llamar la atención.
Sólo tiene un amigo (el
ALUMNO 22), discute bastante a menudo con los compañeros y no sabe defenderse. De
acuerdo con esta información el alumno presenta un perfil activo.
En
el grupo – clase de 31 alumnos/as se detectan 5 alumnos/as amables, respetuosos
y que ayudan a los demás, el/la ALUMN@ 30, las ALUMNAS 4 y 25 y los ALUMNOS 11
y 20.
Propuesta
de intervención
La escuela, como segundo agente socializador,
tiene un papel de prevención de los problemas de comportamiento. Uno de los
principios de la educación según recoge el artículo 1.k de la LOMCE, es la
educación para la prevención de conflictos y la resolución pacífica de los
mismos, así como para la no violencia en todos los ámbitos de la vida personal,
familiar y social, y en especial en el del acoso escolar.
Para garantizar el cumplimiento de dicho
principio en el caso que nos ocupa, es necesario tener en cuenta que el centro ha de revisar y adaptar los distintos
documentos de centro.
El Proyecto Educativo de Centro, debe estar actualizado y adaptado a la
realidad, marcando especial énfasis en la detección y actuación temprana con
los alumnos en riesgo. Será conveniente asimismo incluir principios
relacionados con la convivencia, la sociabilidad y las relaciones personales. Tanto
el Plan de Atención a la Diversidad, como el Plan de Convivencia y el Plan de
Acción Tutorial, deben detallar actuaciones específicas para la
prevención de este tipo de conflicto.
Dentro del aula, la
primera medida que habría de tomarse, una vez se ha identificado la presente
situación de riesgo con el ALUMNO 3, sería una entrevista con él para conocer
sus circunstancias, manifestarle nuestro apoyo, abriendo un canal de
comunicación. El programa Socieduca proporciona un modelo de entrevista que se
puede adaptar y adecuar a las características tanto del aula como del alumno. Es
necesario conocer más en profundidad la situación que está viviendo: dónde se
dan más habitualmente las situaciones de aislamiento y rechazo, cómo las
afronta, etc. Será asimismo necesario conocer su afinidad con cada uno de los/as
alumnos prosociales (ALUMNOS 30, 25, 20, 4 y 11) y su relación con su amigo más
directo (ALUMNO 22) con el fin de elegir los alumnos ayudantes.
Según los datos, parece que ALUMNO 3, tiene características de activo,
por lo que va a resultar conveniente en el momento inicial realizar con él un
trabajo en control de la impulsividad y habilidades sociales.
En lo que se refiere al
control de la impulsividad, uno de los mejores aliados para ayudar a los
alumnos, lo constituyen, los diferentes métodos de relajación. Podemos utilizar
la Relajación Progresiva de Jacobson, por ejemplo, que consiste básicamente en
aprender a tensar y relajar los distintos grupos musculares del cuerpo, de
forma que los alumnos sepan discriminar entre las sensaciones cuando el músculo
está tenso y cuando está relajado. Las
instrucciones siempre son las mismas, así si trabajamos, por ejemplo el estómago,
en el momento de tensión daremos instrucciones para que se meta para dentro
aguantando la respiración, y en la distensión soltamos aire y el estómago
vuelve a su sitio.
Se supone que una vez
se ha aprendido a discriminar y lo convirtamos en un hábito, estaremos en
mejores condiciones para identificar y tratar las diferentes situaciones
cotidianas que nos crean ansiedad, tensión o emociones negativas.
Además del trabajo para el
control de la impulsividad, será necesario mejorar las habilidades sociales del
grupo – clase. Para mejorar la autoestima y las habilidades sociales se puede trabajar
desde las tutorías con todos los alumnos, por ejemplo con un material editado
por CEPE: ¿Cómo mejorar la autoestima de los alumnos? Habilidades Sociales
Simples, de Estudita Martín Hernández. Este material guía el trabajo a través
de diferentes unidades didácticas. Algunos ejemplos de unidades son: hacer
peticiones (“pedir favores”), rechazar peticiones (“decir no”), o defender los
propios derechos.
Resulta importante realizar este trabajo tanto en el control de la
impulsividad, como en el refuerzo de la autoestima y habilidades sociales a
nivel de aula, ya que va a resultar asimismo conveniente para los alumnos
acosadores. Es necesario reforzar en estos alumnos el reconocimiento de sus
propias emociones, la empatía con los sentimientos de los demás y el control de
la ira y el enfado.
Una vez que el trabajo a nivel emocional está funcionando con los
alumnos se puede poner en marcha un programa de ayuda entre iguales. Para
ello, nos basaremos en la entrevista con el ALUMNO 3 para elegir dos alumnos
ayudantes. Uno de ellos ha de tener fuerza social en el grupo y el otro habría
de ser el que más afinidad tenga con el alumno objeto del caso, aunque con
menos fuerza social, que probablemente, según el sociograma que se nos presenta
sea el ALUMNO 22. Ambos alumnos ayudantes serán los encargados de acompañar y
atender a ALUMNO 3. Tener una buena compañía, fortalecerá al alumno,
dificultando el acoso.
Otra de las medidas a tomar podría ser la reorganización del aula,
lo que va a reforzar la intervención. Habremos de tener en cuenta que ALUMNO 3 se
siente cerca de los alumnos ayudantes y alejado los que le molestan, donde no
le puedan ver, proporcionando de este modo una mayor seguridad al alumno del
caso.
En lo que a la intervención
con la familia se refiere, será necesario informarles del problema y obtener
información sobre su percepción del problema. Habremos de coordinarnos con
ellos para ver qué resultado está teniendo la intervención fuera del ámbito
escolar. Podemos animarles además, a que
potencien el trabajo en relajación con el alumno y la realización de alguna
actividad extraescolar. Esta pronta activación que se describe en el ALUMNO 3,
puede ser especialmente útil si se canaliza en forma de actividades reguladas.
Por ejemplo, en cualquier actividad deportiva, los chicos impulsivos pueden
beneficiarse si aprenden a canalizar esta activación para potenciar sus
destrezas.
Seguimiento
del caso
Una vez se han puesto en
marcha todas las medidas propuestas, será necesario realizar una evaluación del
progreso de las mismas. Incorporaremos dicha evaluación al proceso, de manera
que sea posible disponer de información continua y significativa para conocer
la situación, formar juicios de valor con respecto a ella y tomar decisiones
adecuadas para proseguir con el trabajo para la prevención del acoso escolar,
mejorándolo progresivamente.
Será necesario que todos
los profesores implicados en la intervención realicen una observación
sistemática tanto en el aula como en los momentos menos estructurados, como el
patio, de las interacciones de los alumnos.
Del mismo modo, será
necesario tener más entrevistas con el ALUMNO 3 y su familia dentro del clima
de apoyo y confianza que habremos creado. Con los alumnos ayudantes llevaremos
a cabo una revisión semanal sobre sobre la evolución del caso. Algunos de los
aspectos que conviene evaluar son si ha mejorado la impulsividad del ALUMNO 3,
si se siente más seguro en el grupo, si han disminuido las discusiones con sus
compañeros, etc. También será importante tener en cuenta cómo se sienten en su
papel los alumnos ayudantes de manera que podamos incorporar de forma inmediata
cualquier ajuste o modificación de las medidas tomadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario